Oh! Qué monas estábamos todas en nuestro primer día de vuelo…
Recién salidas del curso de habilitación para ser azafatas de vuelo, todas teníamos claro que lo más importante era que no se nos escapara un pelo de la coleta los procedimientos de emergencia. Ligeramente maquilladas, repeinadas, uniforme planchado, zapatos limpios y la mejor de las sonrisas… Un poquito nerviosas por ver tanta gente nueva en la sala de tripulaciones, otro poquito emocionadas porque el gran día había llegado y por supuesto con un pavor brutal por saber quién sería la «supervisora» (buh! qué miedo) que nos haría el primer informe y determinaría si podíamos seguir volando, o si deberíamos cargar con la cruz de «tunopasaselperiododeprueba». Sólo volábamos dos azafatas en cada avión, así que si tu compañera TCP te caía bien, genial…si te caía mal, pues podían pasar dos cosas: Que le hicieras la vida imposible si tú eras la jefa de cabina, o que te la hiciera ella a ti si iba como sobrecargo de vuelo.

Es gracioso pensar en el miedo y el respeto que teníamos a las «supervisoras». Y al fin y al cabo eran una niñas con un par de años más que tú, que solían hacer vuelos charter (sí, en esta compañía, hacer un charter con un equipo de fútbol, era lo máximo a lo que podías aspirar) y que se creían que se iban a comer el mundo porque en sus manos estaba la decisión de renovarte el contrato, o de echarte a la calle. Los 10 motivos principales eran los siguientes (muy justificables, claro)

* Que llevaras más de 2 horquillas en la cabeza
* Que llevaras 2 horquillas en la cabeza, y que no fueran del color de tu pelo
* Que los pilotos te hicieran más caso que a ellas
* Que fueras demasiado mona
* Que fueras demasiado fea
* Que un día te olvidaras de cuántas Coca-Colas caben en el carrito de las bebidas
* Que propusieras hacer un descanso de 10 minutos en una escala después de pasarte  30, arrastrando las rodillas por el pasillo del avión para mirar si algún gracioso se había llevado el chaleco.
* Que la sombra de ojos «azul azafata» te diera alergia
* Que tardaras más de 30 segundos en dar 52 periódicos y 52 toallitas calientes
* Que por alguna razón, no fueras digna de pertenecer al club de las trolley-dolley

Por suerte, mi primer vuelo fue bueno. No había supervisoras disponibles y me tocó volar con un chica majísima que me enseñó un montón de cosas en una línea poco apetecible (Valencia-Palma-Valencia-Ibiza-Valencia-Madrid-Palma-Valencia). Vuelos de 45 minutos, dando un servicio de bar con frutos secos en las islas, y una cena con comida y bebida en el Valencia- Madrid.

Creí directamente que me suicidaba. Cuando aterrizamos en Valencia intenté tirarme por la puerta sin esperar a que pusieran la escalera, con tan mala suerte que el avión tenía escalera propia.

Mi compañera me dijo: «bueno, hoy ha sido un día tranquilo, solo hemos llegado con 1 hora y 45 minutos de retraso, la línea ha sido corta, hemos tenido pocas turbulencias y no te ha tocado supervisora. Generalmente las chicas salen asustadas después de volar con ellas… ¡has tenido suerte para ser tu primer día!»
En ese momento me di cuenta de que pese a mi intento fallido de suicidio, me iba a gustar el tema de la aviación. Si ellas eran malas, yo lo iba a ser más. Era mi objetivo… llegar a ser una diva de los charters, la azafata de vuelo el año y encontrarme face to face con ellas.

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