Hoy vengo a hablaros del miedo a volar.
El otro día mientras estaba en casa de un amigo, llegó su madre, y como casi siempre en estos casos, salió el tema de “la azafata” (un tema muy recurrente cuando te acaban de presentar a una madre)
- Mamá, te presento a mi amiga. Es azafata.
- ¿Ah si? ¿De vuelo?
Yo, que me esperaba el típico “que guay, ganaras una pasta, conocerás todo el mundo…” me ví sorprendida por un “uff no sé cómo puedes”.

- A mi los aviones me dan cosilla…
- ¿Si? ¿y eso? A ver, ¿qué es lo que te da miedo?
- Uy, pues las turbulencias…
- Pues no tengas miedo. Las turbulencias son muy escandalosas porque, si son severas, las cosas se caen, la gente llora, grita, están asustados…pero realmente no pasa nada. Te voy a contar una historia que me pasó con un viajero en un vuelo turbulento:
“Fue un viaje bastante movidito, en el que un viajero alemán estaba totalmente aterrorizado. Me senté con él para intentar tranquilizarle. Y bueno, ahí estaba yo con mi precario alemán, intentando dar una explicación técnica sobre las turbulencias, el rollo de la sustentación…
El hombre me miraba con cara de pánico.
- A ver, si usted va caminando por la calle y de pronto viene aire muy frío, usted tiembla…ja?
- Ja…
- Vale, pero, aunque tiemble, no le pasa nada por eso…Es decir, tiembla, pero no se cae al suelo ni se rompe ningún hueso….Ist es nicht?
- Nicht
- Pues esto es lo mismo. El avión tiembla, pero no se rompe, no se cae al suelo… Verstehst du? -pregunté, sin estar muy segura de que narices había dicho.
- Ja…
Y la verdad es que debió de comprenderlo, porque se quedó mucho más tranquilo.
Me apunté el tanto y esa explicación tan básica me ayudó muchas veces a calmar a muchas personas nerviosas o asustadas.
Terminé mi anécdota y la pregunte a la madre de mi amigo:
- Ahora, ¿te quedas más tranquila?
- Pues la verdad es que sí…-contestó, haciéndome recordar que una de las mejores partes de esta profesión es ayudar, tranquilizar a una persona que lo necesita
- Es que había hablado con otras azafatas, pero normalmente son muy bordes…dicen que no pasa nada, le quitan importancia y no explican nada más.
- Ya bueno, lo hacen por que si tú ves que nosotras no le damos importancia a lo mejor dejas de dársela tú también.
Mentira, mentira cochina. Todos sabemos que ésta técnica no suele ser efectiva. Yo misma he usado mil formas de calmar a una persona, explicándole las cosas de una manera técnica pero entendible. Saber realmente a qué tienes miedo te ayuda a enfrentarte a él. Distraer a ésa persona, cambiar de tema ya sea alabando su jersey o contándole el último libro que has leído…
Dá igual. Lo importante es desviar su atención a otro tema, o simplemente estar ahí a su lado.
Darle la espalda a la persona no lo va a solucionar. Ni en la aviación ni en ninguna otra parte.
De hecho, para que os hagáis una idea de lo contraproducente que puede llegar a ser, os diré que ésta señora tenía la teoría de que si nos veía sonreír era que estábamos disimulando y a punto de morir.
Los pasajeros son personas y no somos perfectas, y algunas tenemos miedos. Aquellos tripulantes que no ponen dedicación o cariño en su trabajo, en sus pasajeros, se merecen un buen tirón de orejas. Porque no cuesta más de 5 minutos explicar algo así, y vale la pena cuando la persona te asegura que se queda mas tranquila, que la has ayudado… Es parte de nuestro trabajo: ayudar.
Un consejo para todos los que empezáis a trabajar en esta profesión: ha de gustarte la gente, atenderla, ayudarla…si no te crees capacitado para hacerlo, éste no es tu sitio. La gente empieza a temer más las respuestas de las azafatas que las turbulencias.
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