Ahí estás…sonriente, guantes puestos, espalda recta, cabeza ladeada y labios perfectamente pintados. Recibiendo al pasaje uno por uno, dando los «buenos días» a 100 pasajeros que ni se molestan en responder, haciendo gracias a los niños asalvajados que suben botando en las escaleras del avión.

Y de repente… de repente le ves. Destaca entre los demás por esos andares distinguidos. Traje a medida, zapatos italianos, y esas iniciales que muestra orgulloso en su billetera…sí, no hay duda… ¡ahí está! ¡Es el pasajero dandy!

Este tipo de pasajero no se encuentra en todos los vuelos como el cabezón de la maleta, o el cabezón listillo… este cabezón dandy se encuentra sólo en vuelos con destino Niza, Mónaco, Milán  o algún otro lugar vacacional o de compras al que, bajo su criterio, solo pueden llegar otros dandies como él.

Y digo vacacional, porque de todos es sabido que el dandy no trabaja, solo existe… Se dedica al dolce far niente y a mejorar su arrogancia hasta el fin de sus días.

Sube las escaleras del avión casi de puntillas, y por supuesto, ni siquiera toca la barandilla. Llega, saluda desinteresado y mirando por encima del hombro y cuando ya casi estás segura de que se va a sentar en la fila 2, asombrosamente pasa la cortina y se sienta en la 16…

¡Oh! ¡Otra vez ha logrado engañarte! Y tú que pensabas que llevarías un auténtico dandy en el avión… y es solo otro pequeño esbirro de un arrogante tirano… ¿Y qué significa esto? Pues que se comportará como figurín, pero modelo low cost.

Lo primero que hace al llegar a su asiento es mirar con cara de asco a los otros dos mortales que se sientan a su lado. Una vez asumida su desgracia de compartir espacio vital, se sentará y con un movimiento casi imperceptible para cualquier humano, colocará su pelo, estirará su americana y atusará su corbata modernosa, casi al mismo tiempo.

Una vez acomodado, el dandy entra en estado seductor… y pese a que un alto porcentaje de dandies son maricas (bueno, homosexuales, que luego se me ofenden los maricas), también los hay interesados por el sexo opuesto.
La azafata es un blanco fácil, así que pronto cambiará su cara de repugnancia por todo lo que le rodea, y pasará al modo «Don Juan». Y ojo, porque nuestro cabezón distingue entre el hombre vulgar y viríl, y su técnica impecable seductora.

Con un par de sonrisas llama tu atención y despliega su táctica:

-Disculpe señorita…cada vez que pasa usted a mi lado, me embarga un delicioso aroma. ¿Qué perfume usa? Es exquisito, como usted.
-Muy amable caballero… ¿necesita algo?
-Verá, aquí estoy un poco sobrecargado, agobiado, claustrofóbico. ¿Cree que existe alguna posibilidad de acceder a primera clase para disfrutar de este precioso vuelo?
-Me temo, señor, que eso no va a ser posible.
-Pero desde aquí puedo observar que hay asientos vacíos en Business Class… si fuera tan amable de consultarlo con el comandante…
-Verá señor. El problema es que yo soy la sobrecargo de este vuelo, y la que decide quién se cambia de sitio. Y si usted tiene billete de turista, tendrá que viajar en turista. Disculpe, pero vamos a cerrar puertas.

Puertas cerradas, rampas armadas y mensajes al pasaje anunciados, ahora sólo queda esperar a llegar a pista de despegue, después de que lo hagan los 10 aviones que están por delante de nosotros. Así que te preparas un zumito de tomate en el galley, y cuando abres la cortina de nuevo, observas el panorama: el cabezón está ahora intentando su estrategia con tu compañera Maripili, alias «la inocentona».
Saboreas el tomate, sabiendo perfectamente lo que va a pasar…3, 2, 1 y:

-Que hay un chico muy elegante en la 16B que dice que se encuentra un poco mareado porque es claustrofóbico y dice que si le puedo pasar a la 1A.
-No maripili. Ya lo intentó antes…ignóralo y ábrele el aireador si se marea.

2 minutos después:

-Que el pasajero dice que si le podemos dar una almohada y una manta.
-No.
-Pero insiste en que es un caso excepcional, que es porque no se encuentra bien.
-No. No hay para todos. Si das una, sabes que la pedirán todos.
-Joooo es que me da penaaaa…
-…Dale una almohada. Sólo la almohada… y luego toreas tú al resto del pasaje.

2 minutos después

-Que dice el pasajero que si nos ha sobrado algún periódico de primera clase.
-¡Menudo morro! Sí, nos han sobrado 3, pero no se lo voy a dar.

Despegamos, el cabezón se pone su antifaz de seda y espera paciente a que pasemos el carrito del bar:

-¿Desea tomar algo, señor?
-Sí, por supuesto. Tomaré San Martín Dulce con Bombay Sapphire, por favor.
-Eeeehmm, no tenemos Sapphire ni San Martín caballero, lo siento. ¿Alguna otra cosa?
(El cabezón me mira como si me perdonara la vida)
-Cherry Brandy con Plymouth
-Tampoco tenemos de eso…zumo de naranja, de piña, de tomate, de melocotón, coca-cola, fanta naranja, fanta limón, agua, vino tinto, vino blanco, larios, arehucas, ballantines y cava ¿Qué desea?
-El cava estará bien. Gracias. No tiene recargo, supongo…¿Cierto?

Vaya…iba bien. Casi estaba consiguiendo ser un auténtico narcisista retro trendy, pero lo del precio le ha delatado. Un autentico dandy nunca preguntaría si algo es gratis o de pago. Le daría igual. Se limitaría a disfrutar de su capricho sin preocuparse por el precio.

Nuestro cabezón, se levanta y se va al baño. Probablemente se le ha despeinado un pelo y volverá a engominarlo sin piedad hasta que no se mueva aunque pase un tornado a su lado. Se retoca el nudo de la corbata y sale del baño…y ¿qué creeis que hace? ¿volver a su asiento? Pues no…se sienta discretamente en la fila 2.

Y tú, que estás en la mitad de la cabina tratando de convencer al cabezón listillo  de que se tiene que abrochar el cinturón para el aterrizaje, ya sabes perfectamente que el dandy ha salido del baño porque el olor a Prada Amber invade toda la cabina.

-Disculpe caballero, ya le dije que no podía sentarse ahí. Regrese a su asiento por favor.
-Señorita, yo siempre viajo en pimera clase, pero ha habido un fallo en facturación y me han dado clase turista. Seguro que una belleza como usted, me permitirá tomar tierra en este asiento.
-Está bien. Sólo se lo permito porque faltan 15 minutos para el aterrizaje, y como excepción. (La verdad, el piropo se agradece)

Y así, el dandy de extrarradio ha conseguido una vez más su objetivo…y cuando desembarca, como regalo, se quita el pañuelo del bolsillo de la americana y te lo entrega en la puerta del avión.

Si en el fondo era majo…hasta me ha regalado su pañuelo de hilo made in china con las iniciales bordadas…y con…y esto, ¿esto qué es?
¡Pero qué asco! ¡Un moco!

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