¿Hay vida después de ser TCP? Todo lo que puedes hacer con tu experiencia azafatil.

by lucyintheclouds

¿Te suena eso de «seis meses dentro, seis meses fuera»? Si estás volando para alguna compañía aérea española, seguro que sabes de lo que hablo. La mayoría de aerolíneas ofrecen contratos de trabajo temporales que implican una rotación tremenda de gente y dan trabajo a una gran número de personas; cursos, sueltas, una temporada disfrutando de tu trabajo y cuando ya estás plenamente adaptado y sabes cuál es el container del agua, el de los bocatas y cuánto tiempo le pones al horno para calentar más de 300 comidas, se acaba tu contrato… ¿y ahora qué? En el mejor de los casos te quedan otros seis meses por delante en los que tienes que buscarte la vida.
¿Qué puedes hacer con los conocimientos adquiridos en el avión?

Aquí te dejamos algunas ideas:

  • Abre tu gabinete de Psicología. ¿Quién mejor que tú, que has estado aconsejando, orientando y cuidando a tantos pasajeros cabezones al día? Eres especialista en calmar ataques de ansiedad, en quitar el miedo a volar,  y además eres un buen paño de lágrimas. Sabes diferenciar perfectamente, con solo una mirada, qué pasajero te la va a liar porque no te queda hielo, y quién necesita simplemente que le prestes un poquito más de atención.
  • Abre tu gabinete de Psiquiatría. Seguro que te ves capacitado después de salir triunfante de aquel numerito que te montó la «pasajera bipolar» que quería una manta y una almohada. Después de dejar callado a aquel pasajero histérico que casi te lanza el pollo con arroz a la cabeza porque él quería pasta. Sí, sabes dar pautas para poner a cada pasajero en su sitio, y además ya no pierdes tu sonrisa.
  • Preséntate a las oposiciones de Bombero de tu pueblo. Tienes un Master del Universo en BCF’s, tipos de fuego, duraciones y chequeos de los tropecientosmil extintores que llevamos a bordo. Además, has desarrollado un superpoder especial que te permite oler cosas que se queman a kilómetros de distancia. Lo mismo identificas el pollo que se te quema en el horno, que el olor del cigarro que se ha fumado el pasajero en el baño. Y ¡ay del pasajero que se atreva a encender el cigarro en el baño!, que te lías la manta a la cabeza, te enajenas y apareces allí con tu retahíla de cosas que pueden pasar en un avión si hay un incendio. Que el pasajero se queda más volado por verte con la PBE, los guantes y el extintor preparado, que por la bronca que le estás echando.
  • Abre una guardería. Ah! ¿Que antes de volar no te gustaban los niños? ¿Que ser madre no entraba en tus planes de vida? Da igual, te has hecho inmune a esos pequeños delincuentes que recorren el avión descalzos y llenos de migas de galleta María. Sin comerlo ni beberlo, te has visto cargando con un bebé cuyo pañal pesa el doble que él mismo. Has hecho muñequitos con servilletas y has montado un circo de animales con posavasos y tarjetones de seguridad. Sabes reconocer el llanto de un niño tocapelotas que sólo quiere llamar la atención, y el llanto inconsolable producido por el dolor de oídos en una aproximación. ¿Has pensado ya el nombre de la guardería?

Y si todas estas cosas no terminan de convencerte, plantéate el tema de chef, enfermera (y médico cuando acabes el segundo contrato) y si me apuras hasta de Salvador de la Humanidad, porque el milagro aquel de los panes y los peces se queda en nada al lado de tu milagro de calmar la sed de 380 pasajeros, con solo 6 litros de agua. Ahí es nada.

¡Feliz semana y felices vuelos a todos!

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