A bordoEl galley de Nita

La vida, el tiempo, los sueños y los aviones

Había una vez dos niñas, tendrían unos 11 o 12 años y eran muy amigas. Un día volvían paseando a casa cuando una de ellas le pregunto a la otra

– Y tu ¿qué quieres ser de mayor?

– Azafata de vuelo

– No fastidies ¿en serio?

– Si, desde siempre ¿por?

– ¡Yo también!

– ¿si? Qué guay, trabajaremos para la misma compañía, volaremos por todo el mundo. Desayunaremos en París y cenaremos en Roma…

– Iremos de compras a Nueva York y a la playa en Brasil y…

Y desde ese momento, la vida que llevarían cuando fueran azafatas fue un tema recurrente en sus conversaciones. La vida, el tiempo, los sueños y los aviones llevaron a una vivir a otro continente y a otra estudiar el curso de azafata y empezar a volar en una ciudad distinta a la suya, pero, aunque vivían a 10.000 km, seguían siendo amigas, esperando volar juntas algún día.

La vida, el tiempo, los sueños y los aviones acercaron a la primera de nuevo a Europa, donde estudió el curso de tcp y no le sirvió para nada, así que hizo el de una compañía aérea y empezó a volar en Inglaterra, mientras la segunda seguía volando en España. Estaban más cerca y seguían siendo amigas, pero aquello no era exactamente lo que ellas habían imaginado. No desayunaban en París y nunca coincidían en Roma, aunque alguna vez tomaron un café en un aeropuerto. Cafés fríos y aguados que les sabían a sueños infantiles.

La vida, el tiempo, el esfuerzo, los sueños y los aviones llevaron a la primera a volar para una de las mejores compañías del mundo y la segunda a bajarse un tiempo de los aviones para luego volar en una de las aerolíneas más frías del planeta. Y entonces, un día, cuadraron sus programaciones y desayunaron en París, fueron de extra y cenaron en Roma, usaron sus frees y pasearon por Dubai. Y brindaron una y mil veces por la vida, los sueños y los aviones, que tanto exigen y tanto te dan.

Los pasajeros que te dan las gracias de corazón, los compañeros que te cambian viajes para que puedas hacer el Venecia en el que vuelven tus padres y así darles una sorpresa, las compañías que te permiten ver el mundo, las personas (pasajeros, azafatas, pilotos, coordinadores, chicos de catering, agentes de rampa…) que conoces a bordo y que te aportan algo, los niños que te hacen un dibujo, las sobre cargos que te enseñan algo importante, la satisfacción de resolver un problema, el irse a casa después de un día largo pero sin incidentes, la incomparable sensación de despegar, las ganas de aterrizar, mirar por la ventana y no tener ni idea de lo que ves ahí abajo pero te da igual por que es bonito, comer de pie, quejarse un poco, sonreír mucho, tener ojeras, tararear en tu cabeza «las voces» en vez de alguna canción, conocer gente, hacer amigos, sentir que formas parte de un equipo, estar orgullosa de «tu tripulación» eso es aviación. Y no cambiarlo por nada es ilusión. A aquellas dos niñas les costo unos 6 años desayunar en París, pero nunca perdieron la ilusión ni dejaron de intentarlo. En el camino se equivocaron a veces. Perdieron tiempo y dinero en escuelas o en cursos o en mil millones de mudanzas, pero nunca, jamás, perdieron la ilusión.

Sabemos que la situación actual no es fácil, que hay muchos tcp «en paro» que muchos habéis hecho el curso bajo la promesa de tener trabajo en un par de meses y pasados un par de años empezáis a desesperaros, mirando vuestro «título oficial» como si fuera papel mojado, sabemos que a algunos os gustaría hacer el curso pero pagar esos importes os resulta difícil, sabemos que es difícil, desesperante, angustioso, pero no perdáis la ilusión, por que la vida, el tiempo, el esfuerzo, los sueños y los aviones siempre llevan a algún sitio.

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