A bordoAnecdotasEl galley de Nita

El Galley de Nita: Barritas en la americana. Reporta al comandante siempre que sea necesario.

Hoy vengo a hablamos de un tema que no es nada fácil para mi. Si bien es cierto que este caso es algo aislado, aunque abundan los personajillos a bordo, no siempre son todos iguales. Hay compañeros agradables y otros que no lo son tanto.

Lo primero que quiero dejar claro es, que de todo se aprende, y yo de esta experiencia aprendí muchísimo, espero que contarla sirva para que otras personas también aprendan y, con suerte no les pase lo mismo.

Lo segundo que quiero aclarar, es que cuando esto pasó, yo tenía 19 años, y volaba con una jefa «encantadora» que me había repetido hasta la saciedad que los comandantes eran más que nadie y que había que obedecerles ciegamente; tenerles siempre más contentos que unas pascuas. El resultado de semejantes enseñanzas era, claro, un respeto que rallaba el temor a esos señores de barritas en la americana.
Y a uno de esos señores me encontré un día en la puerta de embarque de un vuelo en el que yo me iba a ir «de extra». Por cierto, era la primera vez en mi vida que me iba de extracrew. Este chico que os digo, llamémosle Chemari, iba a ir de extra también.

– Hombre Nita, ¿Cómo estas? ¿Balseando?

– Si don Chemari, ya ves… A ver si nos llevan ¿no?

Y así charlando, llegamos a la puerta del avión. Casualmente, Chemari conocía al comandante que llevaba los mandos ese día y que muy dicharacheramente, nos invitó a volar en cockpit. ¿Os he dicho ya que era la primera vez que iba de extra? Pocos cockpit había visto por aquel entonces y nunca había volado en uno excepto el día de mi familiarización. Así qué acepte, claro, encantada de la vida. Me senté en el ‘observer seat‘, me abroché el arnés y me dispuse a observar todos sus procedimientos. Y despegamos… Recuerdo que era de noche y las luces se iban quedando pequeñitas, muy bonito todo. Alcanzamos nivel de crucero y el señor comandante, llamemosle Joselito, se quitó los cascos, se giró en su asiento, y mirando a mi compañero Chemari soltó:

– Bueno amigo y a esta tía que ¿te la estas tirando?

Se hizo el silencio y yo … Yo me quise morir.
Al principio pensé que había entendido mal, pero cuando Chemari contestó con un titubeante «No, no… yo no» me di cuenta de que lo había entendido perfectamente. Nunca sabemos cómo vamos a reaccionar ante situaciones que no esperamos, y yo no puedo predecir cómo reaccionaría si eso me pasara hoy; seguramente le diría cuatro cosas, me iría, y haría un report nada más llegar a tierra. Pero en aquel momento me quede paralizada. El que hablaba así era un piloto, de esos a los que se supone que debemos un respeto y una obediencia ciegas; uno que además, me estaba haciendo el «favor» de llevarme de extra. Así que no supe cómo reaccionar y apelando al lado supuestamente racional que tenemos los seres humanos (y en vista de que ni Pepito ni el copiloto decían una palabra) traté de cambiar de tema:

– Pues dicen que lo de ir de extra esta difícil porque… -no me dejó acabar la frase, me interrumpió con otra de sus perlitas-.

– Tu no te preocupes linda, que a ti no te va a dejar tirada nadie con esas lolas que tienes.

Una vez más me quedé sin habla. Pero no importó porque en ese momento les dijeron algo desde la torre de control y él se giró para ajustar los niveles de vuelo. Yo aproveché para idear un plan de huida. Cuando volvió a mirarme dije:

– Bueno, yo me voy, que no he saludado a las chicas de la parte de atrás… -cuando vas «de extra» parte de el protocolo consiste en saludar a toda la tripulación para que puedan contar contigo en caso de emergencia-.

– No linda, tú no te vas a ningún sitio.

– Pero… pero es que no me he presentado y…tengo que ir al baño.

– Es un vuelo muy cortito linda, no puedes salir.

En algunas compañías, tienen la costumbre de inculcarnos el pedir permiso al comandante hasta para respirar «Capi, ¿podemos subir la escalera? ¿Capi podemos entrar al avión? ¿Podemos salir de él? ¿Podemos subir a la furgo de crew?» Creo que he pedido más permisos a comandantes que a mi padre. Y claro, con esa mentalidad, si un Capi te dice que no puedes salir de cockpit pues ni se te pasa por la cabeza desobedecer. Seguramente, si me viera en la misma situación hoy en día, me levantaría y saldría sin más. Pero en aquel momento pensaba que si desobedecía me despedirían. Ya ves tú… al que tenían que despedir era a él.

El resto de el vuelo transcurrió entre comentarios similares, con el copiloto y mi compañero extra en silencio absoluto y yo tratando de decidir por qué ventanilla tirarme. Cuando por fin aterrizamos y salimos de allí, Chemari se disculpó conmigo:

– Oye Nita, perdona, yo no sabía que se iba a comportar así…

– Pues tú también le podías haber dicho algo, Chemari.

– Bueno Nita, ya sabes, era el capi… entiéndeme, y nos estaba llevando de extra y… ya sabes.

– Ya, claro, ya se… adiós Chemari.

Y así quedo la cosa. Bueno, no. Porque cada vez que salía la programación, la miraba y remiraba para asegurarme de que no me tocaba ir con él, y por suerte, nunca me tocó. Me lo crucé un par de veces y le esquive como pude; una de ellas, una instructora me vio y me preguntó que qué pasaba. Se lo conté y me dijo que no fuera exagerada, que me lo tomara como un cumplido, que si me tiró los trastos fue por que soy muy guapa. Una gran ayuda. Meses después le despidieron, y me enteré de que aquella era la tercera compañía de la que le despedían por «pasarse un poquito con las chicas». La tercera, ojo.

Después me enteré también de que hay una cosa que se llaman «reports» y que puedes utilizar para estas cosas. Para chorradas tipo «mi compañera lleva muchas horquillas en el moño» no se usan. Para cosas serias, sí. Así que no tengáis miedo de reportar, siempre que tengáis un buen motivo. Y tampoco tengáis miedo a los señores de barritas en la americana. Después de aquella experiencia, no volví a pisar un cockpit en años, huí de los pilotos como si fueran el mismísimo Lord Voldemort. Pero ¿sabéis que? que las personas son mejores o peores sin tener nada que ver con su profesión. Ni todos los pilotos son unos desagradables, ni tampoco son seres superiores a los que se deba obedecer y tener contentos. Sólo son señores con barritas en la americana, a los que se puede mandar a hacer gárgaras si se lo merecen. Compañerismo y buen rollo sí, aprovecharse de las barritas no.

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