A bordoEl galley de Nita

Opinando desde mi galley: por qué tienes que cuidar a tus TCPs

«Un trabajador contento es un trabajador eficiente»

Desde «mi galley», hoy quiero dedicar este artículo a las compañías, a las personas que contratan, los directores, jefes de tcp, Recursos humanos, etc…
Una servidora ha pasado por unas cuantas compañías: low-cost, no low-cost, más grandes e impersonales, más pequeñas y familiares… en las que conoces a todo el mundo, o en las que no conoces a nadie y nadie te conoce a ti. La verdad es que no puedo elegir entre unas u otras; todas tienen sus cosas buenas y malas, pero hay algo que sí tengo claro y es que cuando una persona no está contenta en su trabajo, está quemada y tiene quejas diarias… no rinde. Y no por falta de ganas, no, si no porque por mucho que te guste tu trabajo, si estas al límite de horas -o incluso pasado-, si apenas cumples el descanso mínimo, si siempre te tocan las peores líneas, cobras tarde, poco y mal, etc… pues al final acabas amargado.

Si te pasas la vida temiendo que pasen los días porque cada 6 meses se te acaba el contrato y tienes que renovar, si temes ponerte enfermo porque darse de baja supone una posible no renovación; si te ves en el avión con 40 de fiebre, una gastroenteritis, agotado y con riesgo de otitis… y aún así vas a volar, significa que realmente te gusta tu trabajo, que no quieres perderlo… ¡y que eres un irresponsable por ir a trabajar en unas condiciones en las que difícilmente vas a poder servir un café y mucho menos evacuar un avión! Pero eso también significa que estás muerto de miedo porque tu baja suponga que no te renueven. Y oye, eso es contraproducente.
Una persona aterrorizada hasta el punto de ir a volar poniendo en riesgo su salud, no va a estar al cien por cien en lo que tiene que estar. Porque cuando la conversación en los galleys o en los briefings se reduce a «¿y tú cuándo tienes que renovar?» o cuando te esfuerzas para para obtener buenos informes solo para asegurar la renovación y no porque solo te guste tu trabajo, entonces hay algo que esta fallando.

Hace poco aprendí que todos nos relajamos, y que a veces un toque de atención sirve para que nos pongamos las pilas. Pero siempre he sabido que vivir y trabajar en tensión permanente es estresante, y puede que produzca un beneficio inmediato, pero a largo plazo es absolutamente negativo. Y es que actuar esperando obtener beneficios a largo plazo se llama invertir. Invertimos en las cosas buenas, en las que dan beneficios.
Siempre hemos sabido que hay personas con contratos indefinidos, simplemente porque estuvieron en el lugar exacto, en el momento acertado y que realmente no se merecen ese puesto. Conocemos a personas que realmente valen mucho y acaban en la calle por pura burocracia.
¿Es esto justo? No. ¿Es así? Sí.
Muchos de los mejores Tcp’s, los más preparados, acaban volando en otros países cuando en realidad están deseando estar en casa. Pero claro, si ofrecemos condiciones low-cost, nunca tendremos grandes aerolíneas.

Hace unos años volar era un privilegio reservado a muy pocos. Era algo más que un medio de transporte del punto A al punto B; era una experiencia. Desde pasear por el aeropuerto hasta comer mejor que en algunos restaurantes. Desde el trato que te daba la tripulación hasta el mensaje que (entonces sí) siempre daba el piloto desde la cabina de mando…que por cierto, solía tener la puerta abierta.
Hoy en día volar es algo al alcance de cualquiera y la verdad es que está fenomenal. Que todos, independientemente de su nivel económico, puedan tomar un avión y ver mundo es un gran avance, es algo enriquecedor; es algo que debemos agradecer a las low cost.
Pero no debemos permitir que toda la aviación se convierta en bajo coste. Ya casi no quedan compañías que no te cobren hasta por un vaso de agua. No quedan viajes en los que puedas ir cómodamente sentado. Siguen quedando tripulantes de los que sonríen por que sí, pero sus uniformes ya no son de buena calidad, sus ojeras cada vez están más marcadas, y su atención cada vez es más estándar y menos personalizada.

La aviación esta perdiendo encanto y magia. Los aviones ya no son algo exclusivo, no son cómodos,son sólo funcionales. Volar ya no es una experiencia, es sólo un medio de transporte. Los aviones ya no son alucinantes pájaros de hierro, ahora sólo son autobuses con alas. Y no sé a vosotros, pero a mi me parece que debería haber variedad. Uno debería poder subirse al avión como transporte o viajar como experiencia, ¿no?

Señoras empresas en general y compañías en particular, hay algo que esta fallando y tenemos que cambiarlo. Ofrezcan contratos más estables, recompensen el esfuerzo y el trabajo bien hecho; sean humanos, no den importancia a lo que no la tiene, como el pañuelo del uniforme recto o las horquillas del pelo o el pintalabios. Inviertan mejor su tiempo y su energía en tener trabajadores contentos, que siempre serán más eficientes y más sonrientes que uno agotado … aunque lleve el pañuelo recto.

Share: