A bordoAnecdotasEl galley de Nita

El Galley de Nita: Pero ¿cómo ha llegado esto aquí? Juguetes On Board

Hay vuelos que están… digamos «asignados». Me explico, un vuelo a Ibiza un viernes a última hora de la tarde y a principios de verano, suele ser un viaje de jóvenes con ganas de fiesta. Uno con salida de la famosa isla, un domingo, suele ser un viaje de tortura con muchas gafas de sol y elevada venta de botellas de agua… quién sabe por qué…
Un Roma en el mes de mayo suele ser una prueba de supervivencia a los viajes de estudios, y un Barcelona un día entre semana, suele ser uno de esos viajes llenos de ejecutivos. Sí, ya sabéis, esos señores (y señoras) vestidos de traje, que son muy educados, te miran a la cara cuándo te hablan, te dan las gracias, te prestan muchísima atención cuándo haces la demo y, cuándo les pides que apaguen el móvil, te miran de forma muy amable. NO.
Bueno, el caso es que esos señores tan formales que no te miran, ni te escuchan, ni saben que existes y cuya mayor preocupación es que no se les arrugue la americana.. esos, que son tan serios y formales, a veces nos sorprenden … muchísimo.
En uno de esos entretenidísimos vuelos de negocios estaba yo cuando:

-Señorita, perdone, pasa algo raro
-¿Raro?
-Sí, hay un sonido raro. Escuche…

Puse atención, pero no se oía nada fuera de lo normal más que los frenéticos aporreamientos sobre los teclados, como siempre; conversaciones en un par de idiomas, como siempre. Los motores, como siempre. Y en el techo un intermitente brum brum, como siem… un momento, eso no era habitual, era…raro. Pero enseguida lo entendí, algún listo se había dejado el móvil encendido y, aunque era evidente que se trataba de una llamada, debía de ser una alarma del móvil o algo así.

-Vamos a ver- dije abriendo los maleteros superiores y palpando las maletas hasta que encontré la que vibraba- esta maleta ¿de quién es?
-Mía – dijo una de las señoras de negocios- ¿por qué?
-Porque ha debido de dejarse la alarma de el móvil puesta y está sonando.
-No, no es mío.
-Esta es su maleta, ¿no? pues aquí está vibrando alg…

No había terminado de decir la frase cuando caí en la cuenta de lo que podía ser y bajé la voz. Su cara, que de pronto parecía un semáforo pasando del ámbar al rojo en cuestión de milisegundos, me confirmó mis sospechas y tratando de salir todo lo airosa posible de la situación dije:

– Ah, bueno, eeeeh, puede ir a la parte trasera del avión y abrir allí la maleta para sacar… eh… el móvil y quitarle las pil… la batería, al teléfono.-
-Sí, sí, claro… mejor en la parte de atrás, gracias señorita

Y allá que se fue la señorita. Abrió la maleta y ante la atónita mirada de la «compi» sacó un enorme ya-sabeis-que, le quitó las pilas y volvió a cerrar la maleta, se sentó en su asiento, enterró la cara color zanahoria en un libro cuya portada estaba oculta por unos papeles greys (y no, no es un fallo de ortografía, pero aquí no hacemos publicidad gratuita) y no volvió a levantar la vista en el resto del viaje.

La seriedad con la que el resto de la tripulación se tomó la anécdota cuándo se la contamos (así, por encima, sin entrar en detalles, que para eso somos unas profesionales) os lo podéis imaginar.

Así que ya sabéis chicas y chicos… acordaos de poner en off todos los «aparatos electrónicos» cuando os subáis al avión.

¡Saludos y buen fin de semana!

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