A bordoBienvenidasLow-cost Airlines

Voy a hablar de Ryanair. Pero esta vez, hablaré «raro».

No es la primera ni la última vez que hablo sobre Ryanair. Si lees el blog habitualmente, sabrás que ya he explicado mi experiencia volando con ellos y los principales motivos por los que no me gustan como empresa: su política empresarial, comercial, sus chantajes y principalmente su consejero delegado, son los tres pilares fundamentales por los que nunca entrarán en la lista de mis compañías aéreas favoritas.

Hasta hace una semana, cada vez que tenía que planificar un viaje lo hacía buscando vuelos en todas las compañías aéreas y dejaba Ryanair como último recurso. Lo hacía principalmente para evitar «colaborar» a ese tipo de extorsión en la que la low cost irlandesa es líder y jamás tendrá rival. Si no sabes de lo que estoy hablando, puedes releer mi artículo «La verdad de mi repulsa hacia Ryanair«.
Obviamente, sigo pensando lo mismo sobre la política empresarial de esta compañía aérea, pero igual que otras veces he contado lo malo de la aerolínea, creo que lo justo es que cuente también mi última experiencia con ellos.

Cuatro vuelos con Ryanair en 10 días

Como muchos ya sabéis, he vivido en Tenerife unos años mientras volaba con Spanair. Mi base estaba en Tenerife Sur.
Podría decir que, pese a algunas eventualidades, el tiempo que pasé en la isla fue uno de los mejores momentos de mi vida. Lo he confesado en varias ocasiones y me gusta decir públicamente que estoy enamorada de Canarias y sobre todo de Tenerife. Intento ir todos los años y en ocasiones varias veces al año.

Hace un mes decidí escaparme de nuevo a las islas y empecé a planificar el viaje. Como siempre, ojeé los precios del billete con diferentes compañías:

* Iberia desde La Coruña. Fail. 450€
* Goodfly desde La Coruña: 200€. He de confesar que de precio estaba genial pero algo me decía que no confiara en ellos. Menos mal, porque ya no están en Alvedro.
* Iberia Express desde Santiago y vía Madrid: 350€
* Vueling desde Santiago vía Madrid a Tenerife Norte: 320€
* Ryanair desde Santiago vía Madrid: 105€

Ok, teniendo en cuenta que no iba a volar con Goodfly, con el resto de opciones había una diferencia de más de 200€ por billete, así que respiré hondo y me dispuse a pasar por el follón de comprar un billete en la web de Ryanair. Esto significa sortear las cuatrocientas cincuenta y cinco mil opciones que te proponen para que tu billete se encarezca: seguros de viaje, embarque prioritario, equipamiento deportivo, coche de alquiler, maleta homologada de cabina, ryanair talk para el móvil y hasta un hotel en Tenerife.

Cumplí a rajatabla el tema de la maleta de mano y me las apañé para meter todo mi equipaje de 10 días en ella. Un único bulto, si bien la chaqueta y el libro los llevaba en la mano.
He de decir que esto fue lo primero que me sorprendió para bien: en otros vuelos que he hecho con ryanair, he visto cómo obligaban a una chica a meter su libro de bolsillo dentro de la maleta y eso de llevar el abrigo en la mano, pues como que no. Esta vez, en los 4 vuelos que hice con ellos, llevé mi chaqueta en la mano igual que otros pasajeros y nadie puso mala cara o nos obligó a meterlo dentro. Minipunto para el personal de handling que con dos dedos de frente no nos dio el coñazo ni en Lavacolla, ni Barajas ni en el Reina Sofía.

Los dos primeros vuelos –SCQ – MAD – TFS – fueron vuelos normales. Más bien sosos. Pocas sonrisas a bordo y en general sin pena ni gloria. Nada que destacar ni nada que criticar.
Sin embargo, los dos vuelos de vuelta TFS -MAD – SCQ fueron realmente sorprendentes. Tanto, que ¡hasta compré scratchcards! y consumí a bordo.

la foto 1

Creo que en todos estos años he volado más de 20 veces con Ryanair y me veo con la capacidad suficiente de afirmar varias cosas:

Los TCPs han madurado notablemente. Hablo sobre todo de aquellos que llevan varios años volando en la compañía. Aquellos que saben y reconocen los puntos débiles pero que saben potenciar al máximo las virtudes de la compañía para la que trabajan.

En mi vuelo TFS – MAD toda la tripulación auxiliar, con su sobrecargo -un italiano de ojos azul verdoso que se quedó con la parte femenina del pasaje – a la cabeza, demostraron profesionalidad y saber estar desde el embarque hasta el desembarque. Me recordaron muchísimo a aquellas tripulaciones de hace años: magnífica sonrisa, bienvenida a bordo por el nombre de cada pasajero, mirada a los ojos, atención a los bebés y ayuda para acomodarse en el avión. Vuelo ameno, tranquilo (que con Ryanair es todo un logro) y agradable. Enhorabuena a esa tripulación que voló el día 20 de abril en el vuelo FR2914.
El único problema lo tuvimos antes del embarque. En el aeropuerto de Tenerife nos bajaron a plataforma antes de que el avión en el que nos íbamos a subir hubiera aterrizado. Esperamos más de 15 minutos a 37 grados, calima y un sol aplanador.

Pero si este vuelo fue positivo, mi sorpresa fue todavía mayor en el siguiente.
Embarqué en Madrid para mi vuelo FR5315 a Santiago el día 21, domingo, a las 10 de la mañana. La tripulación del día anterior había dejado el listón muy alto y embarqué convencida de que no sería igual.
Pero me equivoqué y mucho.
Otra tripulación feliz, que transmitía buen rollo desde que entramos en el avión. Se movían por el pasillo tratando de ayudar (y de paso para agilizar el embarque que en Ryanair no nos podemos olvidar de las prisas…)
El sobrecargo del vuelo, Javier, nos arrancó una sonrisa nada más entrar. Sí, es verdad, estaba allí para «vender» pero lo hacía de una forma divertida, amena y nada recargada como en otros vuelos de la compañía. Se ganó al pasaje como frases como:

-«Vamos a pasar con nuestra venta a bordo. No nos ignoren, no miren por la ventanilla porque no van a reconocer el pueblo que está ahí abajo. No hagan que lean la revista de Ryanair porque está en inglés y ustedes son españoles. No hagan que duerman porque con lo pesados que somos es imposible que puedan pegar ojo»

-«Compren un rasca y gana si quieren ganar un millón de euros. ¿Quién no querría ganar un millón de euros? Solo aquellos pasajeros que ya sean multimillonarios, y créanme, si están volando con Ryanair sabemos que no son ustedes ricos».

Me sorprendió tanto el trato de esta nueva tripulación que empecé a prestar todavía más atención y pude observar la capacidad que tenían para estar atentos del pasaje, del vuelo y de la venta. Otro minipunto para ellos.
Quise hablar con el sobrecargo y decirle que me alegraba de ver que Ryanair estaba cambiando en algunos detalles y que realmente estaba contenta por volar con ellos aquel día.
Su respuesta fue: Oh, yo te conozco… Diarioazafata… ya os he leído varias veces… pero su expresión decía algo así como «¿Vienes a darnos la enhorabuena o a sacar información para volver a ponernos a parir?»
El caso es que tras el desembarque y después de hablar con ellos un ratito, tanto él como su compañera Katarzyna, encantadores ambos, nos dejaron hacerles algunas fotos para vosotros, y para inmortalizar el día en el que decidí que sigo aborreciendo a Ryanair como empresa, pero que ya no me disgusta tanto como aerolínea.

la foto 4

Sí, es verdad. Siempre que compremos un billete con ellos estaremos «premiando» de alguna manera la maldad, la falta de respeto y la falta de educación del sr. O’Leary. Es verdad que no deberíamos dejarnos amedrentar por una compañía aérea extranjera que nos chantajea para seguir teniendo vuelos en España o que en ocasiones ha volado al borde de la legalidad. Es verdad que todo lo que he dicho previamente sobre ellos lo mantengo. Pero me parece justo reconocer la profesionalidad y el buen trabajo de las tripulaciones con las que he volado y de verdad deseo que esos pequeños cambios que he visto en la última semana se mantengan e incluso vayan a más. A mi, esta vez, me han ganado.

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