Abrí mi casillero con más mala leche que nerviosismo. Acababan de cambiarme la línea en el mismo momento de la firma por tercer día consecutivo, así que me invadía un sentimiento de maldad tan brutal que estaba convencida de que si mi programación de diciembre no esta como yo esperaba, me bajaría de los tacones, me aflojaría el pañuelo, sacaría la SIG-Sauer semiautomática y me liaría a tiros con todo el mundo.
Por suerte, la programación no era del todo mala. Me había dado libre 24 y 25 de diciembre, y pese a que el 31 tenía que trabajar, mis programadores habían tenido a bien acabar mi línea en Santiago de Compostela, así que podría tomar las uvas con mi familia en La Coruña.


Eran las 6 de la mañana del día 1 de enero de 2006, cuando me abroché la chaqueta azul azafata con botones dorados y empecé a tirar de la maleta haciendo un ruido espantoso por toda la calle. En el camino de casa al garaje, me topé con doscientas personas borrachas que disfrutaban de una noche de fiesta, y que cuando me vieron vestida de uniforme no dudaron en pedirme una foto conmemorativa del momento. Imagino que ese es el resultado de mezclar alcohol y la euforia del nuevo año.

Después de recorrer los 66 kilómetros que separan La Coruña del aeropuerto de Santiago, llegué al aeropuerto con más ganas de dormir que de sacar un vuelo a Málaga, Oviedo, Barcelona y Valencia, y con la esperanza de que los vuelos fueran vacíos para poder desayunar tranquila y despertar de aquel letargo infernal.

Y sí, en los dos primeros vuelos sólo llevábamos a dos pasajeros. Normal. Era un sábado de año nuevo, así que me pasé las 3 o 4 primeras horas del día en cockpit, hablando con los chicos y disfrutando de las vistas.
Pero ¡ay amigo! cómo iban los vuelos de las doce de la mañana… aquello era un auténtico infierno. Pero no un infierno como un infierno diario de pasajeros cabezones, no. Como un infierno de pasajeros con más alcohol en la sangre que leucocitos, que entraban en el avión tambaleándose, con matasuegras y antifaces purpurinosos.

* ¿Qué asiento tiene, señor?
* Piiiiiii (matasuegras en todo el ojo) ¡Feliz Año, chatunga!
* Feliz Año. ¿Qué asiento tiene?
* No sé. ¿Tenéis champagne?
* ¿Me deja ver su tarjeta de embarque? Sí, tenemos champagne.
* No sé dónde está la tarjeta de embarque, pero voy con aquellos de allí.
* ¿Con los que llevan el gorrito y están cantando lospecesenelrío? Estupendo…

Después de hacer el recuento de pasajeros, le doy el total al capi y a la coordinadora:

* Capi, 45 pasajeros y 1 UM
* ¿45? Serán 44 y un UM ¿no?
* No, 45 y un UM. Vamos, total 46
* No puede ser. Tienen que ser total 45 contando con el niño. Vuelve a contar, por favor.

* Ya está. 45 pasajeros, 1 UM. Total 46 a bordo.
* Nos sobra uno. Dile a la coordinadora que venga e informa a los pasajeros de que éste es el vuelo Málaga- Oviedo.

Buenos días señores pasajeros. Queremos recordarles que este vuelo tiene destino Oviedo. Tenemos un descuadre en el pasaje, así que rogamos a la persona que no tiene que tomar este vuelo, lo comunique a algún miembro de la tripulación.

Ni uno. Ni un pasajero. Todos callados como cajeras de peaje menos el grupito de los peces en el río, que ahora se arrancaban por Paquito el Chocolatero.

* Señores ¿van ustedes a Oviedo?
* Sí
* ¿Todos?
* Yo sí. Yo sí. Yo también. Y yo. Yo tengo que ir a mi casa… Piiiii (matasuegras)
* Deje de hacer ruido con esa cosa infernal. ¿Su casa está en Oviedo?
* No, mi casa está en Bilbao. Piiiiiiii
* Pero señor, ¿vuela usted a Oviedo?
* Mi casa está en Bilbao. Piiiiiii
* Señor, deje el matasuegras. Este vuelo va a Oviedo, no a Bilbao.
* ¿Y no puedo volar a Oviedo con mis amigos y luego ya me busco la vida para llegar a Bilbao? Piiiiiii

Mi párpado empezó a temblar. Me contuve para no darle darle un manotazo al matasuegras y hacérselo tragar.

* No, no puede.
* Acompáñeme por favor. Tiene que bajarse de este avión.
* Pero las chicas que estaban en el embarque me han dejado pasar. Piiiiiii
* Oiga, no vuelva a soplar la cosa esa. Se lo digo en serio. No lo vuelva a hacer. Bájese ahora mismo del avión.
* ¡Pero yo quiero volar en este avión! ¿Por qué me tengo que bajar? Piiiii
* Deme ese matasuegras.

Y mientras luchaba con el pasajero para sacarle el matasuegras, tirarlo a la basura y llegar a cockpit, la coordinadora había encontrado a la infiltrada. Era una viejecilla que se había confundido de puerta de embarque, y que tenía que volar a Madrid.

* Pero ¿no era usted el que se había confundido de vuelo?
* Yo no señorita
* ¿Usted no vuela a Bilbao?
* No señorita, yo vuelo a Oviedo
* Pero, pero ¿no me había dicho que su casa estaba en Bilbao?
* Sí, pero yo voy a casa del Pelayo, en Oviedo. Piiiiiiii
* ¿Pero de dónde ha sacado el matasuegras?
* Tengo muchos, ¿quiere uno señorita? ¡Feliz Año! Piiiiii
* Feliz Año, caballero…

Todo el equipo editorial de Diarioazafata, queremos daros las gracias por haber compartido con nosotros un montón de historias durante 2012. Os deseamos un feliz comienzo de año… ¡y que voléis muy alto! ¡Feliz 2013!

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