Sobrecargo. Jefa de cabina. También conocida como la Purser, la Chief… y la bruja de delante.

Un sobrecargo de vuelo es un tcp que, tras acumular la experiencia continua de más de un año volando, y habiéndose camelado a otras/os jefes de cabina, ha conseguido ser propuesto para el cargo y ahora desempeña su función como mandamás de la cabina. Bueno, de la cabina de pasajeros, porque en la cabina de mando todavía está el todopoderoso comandante, que ordena y dispone por (teóricamente) el bien de su tripulación y de sus pasajeros.

Cada cierto tiempo, el tcp es evaluado por un jefe de cabina a través de un informe. El informe recoge diferentes aspectos del trabajo del tcp, que empiezan en el momento de la presentación en la sala de firmas. En él se evalúan cosas como la puntualidad en la firma, la uniformidad, la imagen personal y el briefing pre-vuelo, y las actuaciones propias de su trabajo, como por ejemplo el conocimiento y chequeo de emergencias, la preparación de la cabina, los anuncios al pasaje, los idiomas, el trabajo en equipo o la actitud en escalas y embarques. Además, se valora la constancia, la educación, la iniciativa o la dinámica de grupo.

Cuando un tcp acumula un cierto número de informes positivos y los jefes de cabina que le han evaluado le consideran apto para optar al puesto de jefe de cabina, el Jefe de Base le convocará posteriormente a la selección.
Los jefes de cabina son propuestos por la jefatura de tcp’s de la aerolínea y nombrados por la Dirección de Operaciones.

Más dinero a cambio de infinita responsabilidad

Cuando un tcp pasa a ser sobrecargo, se abre ante sus ojillos inocentes de tcp, un nuevo e inmenso mundo de aventuras y desventuras. Es como cuando pasas de la niñez a la adolescencia: te lo imaginas como un mundo lleno de posibilidades, de autonomía… y cuando llega el ansiado momento, te das cuenta de que eres libre para hacer ciertas cosas, pero la responsabilidad que ello conlleva es todavía mayor. Has pasado de ser el niño de la casa, a ser el hombrecito de la casa. Ya no juegas con coches y toda la familia tiene los ojos puestos en ti, y además tienes que pasar por esa etapa horrible de cambios.
Pues algo así es lo que pasa cuando te hacen jefe de cabina. Tus compañeros siguen siendo tcp’s, pero ya no puedes jugar con ellos en el galley trasero del avión; ahora eres tú la que decide la hora del recreo y quién juega con quién. Aquí también existe una etapa pubertica en la que tienes que aceptar los cambios y dar tiempo a los demás para que empiecen a respetarte como jefe.

Por supuesto, esa responsabilidad se paga. ¿Pero quién de vosotros, queridos sobrecargos, no ha querido cambiar alguna vez los Euros por tranquilidad? Yo, desde luego sí.
La verdad es que el día a día no está mal. Coordinas a tus compañeros, firmas documentos, te comes algunos marrones, pero sales airosa de la situación.
El problema viene cuando es tu quinto día de vuelo sin descanso, y los cuatros anteriores has tenido que lidiar con un pasajero borracho, te has peleado con el del catering porque no te ha subido las bandejas de canapés. Has tenido que regañar a una compañera que venía sin la americana del uniforme, el comandante te ha llamado para decirte que prepares la cabina para un posible aterrizaje de emergencia, y además, te han cambiado de flota en el último segundo antes de la firma, porque no había más sobrecargos disponibles.
Ese es el momento exacto en el que prefieres cambiar tu plus de jefatura por un día como tcp. Y a poder ser, volando en el galley trasero, lejos de todo.


Cuando llegué a la altura del pasajero cabreado, mi compañera respiró aliviada y exclamó:

* ¿Ve señor? Aquí está. Ella es la sobrecargo.
* ¿Esta? ¿La sobrecargo? ¿Y cuántos años tienes, 18? En serio. Quiero hablar con la sobrecargo del vuelo.

* Buenas tardes señor. La sobrecargo soy yo. Voy a tomarme lo de los 18 como un halago porque hoy me he propuesto acabar el día igual de feliz que lo he comenzado. Y no, no tengo 18, tengo 23. Dígame ¿en qué puedo ayudarle?
* ¿Cómo vas a ser tú la sobrecargo? Las sobrecargos son personas mayores. Tú no sabrías ni abrir la puerta del avión.
* Verá, aunque me he propuesto acabar el día igual de feliz que lo empecé, también puedo proponerme cabrearme bastante con pasajeros insolentes. Así que teniendo en cuenta que usted no quiere ser un pasajero insolente, dígame ¿en qué le puedo ayudar?
* Yo contigo no hablo. Quiero hablar con el comandante.
* El comandante está muy ocupado ahora mismo leyendo el marca atendiendo el vuelo. ¿Puedo ayudarle yo?
* Quiero hablar con el comandante.
* Vale. Espere un minutito.

* Capi, hay un pasajero en la 7A que dice que quiere hablar contigo.
* ¿Conmigo? ¿Para qué? ¿Qué le pasa?
* Ni idea. Dice que conmigo no va a hablar porque soy joven.
* ¿Pero qué tontería es esa? Dile que eres la sobrecargo.
* Ya se lo he dicho
* Díselo otra vez. Dile que estoy muy ocupado y que o es algo de vital importancia o no me levanto. Que te lo cuente a ti.
* Vale. Ahora vuelvo

* Señor, dice el comandante que como se tenga que levantar él de su asiento para escuchar una tontería, que va a arder Troya. Que mejor que me lo cuente a mi.
* Dile que quiero hablar con él, porque mi mujer, que ha embarcado en silla de ruedas, se ha tenido que sentar en la ventanilla y ella quiere sentarse en el pasillo. Tu compañera no nos ha dejado.
* Verá, señor. No es que mi compañera no les haya dejado, es que es así nuestro procedimiento. Las sillas de ruedas tienen que ir en el lado de la ventanilla.
* No es verdad. Hace 1 año volamos con Aerolíneas Argent…
* Ya. Pero esto es Air Nostrum, no Aerolíneas.
* Mi mujer quiere ir en el pasillo.
* Pues lo siento, caballero, pero tiene que ir en la ventanilla. Así es nuestro procedimiento.
* Quiero hablar con el comandante. Os voy a demandar.

* Capi, que dice que su mujer, la WCHC quiere aterrizar en pasillo.
* Pues dile que no puede.
* Dice que quiere hablar contigo
* Dile que no puedo dejar los mandos.

* Señor, el comandante está ocupado y no puede dejar los mandos.
* Oye sobrecargo – en este momento el cabezón ya estaba de pie, haciéndome gestos con la mano y buscando la mirada cómplice de otros pasajeros- lo que estás haciendo es racismo.
* ¿Racismo? Perdone, pero se está confundiendo de término. Y no, no es discriminación.
* ¿Sabes qué? – gritaba tanto que alguien se enteró en cockpit- no tienes ni idea. ¡Esto es racismo y voy a ponerte una denuncia!
* Espere, voy a por una hoja de reclamaciones para que lo deje todo documentado. Lo del racismo, y esas cosas…

Pero antes de volver con la hoja de reclamaciones, la puerta de cockpit se abrió. Me tomó por un brazo y me llevó tranquilamente hasta el pasajero.

* ¿Qué es lo que ocurre aquí, señor?
* ¡Ah! Menos mal que se digna usted a salir, comandante. Esta que dice ser la sobrecargo, no deja que mi mujer aterrice en el pasillo. ¡Es una racista!
* Disculpe usted señor. Discúlpenos a todos… -Me quedé paralizada. ¿Qué le estaba diciendo al pasajero? ¿Estaba pidiéndole disculpas? –
Disculpe porque hemos cometido el tremendo error de despegar con usted aún cuando sabíamos que deberíamos haberle bajado del avión en el momento del embarque. Perdone a la sobrecargo, que en lugar de comunicarnos inmediatamente la mala educación de la que usted goza, se limitó a decirnos que teníamos un pasajero un poco conflictivo a bordo.
Discúlpenos por nuestro error. Pero le diré una cosa. Gracias a ese error, va a aterrizar en destino, así que ni se le ocurra a usted volver a descalificar o gritar a mi sobrecargo. Esta señorita es la jefa de cabina del vuelo y tiene toda la autorización necesaria para decirle a usted dónde y cuándo se tiene que sentar. Así que ahora, haga el favor de callarse, de sentarse y de obedecer en todo momento lo que la sobrecargo le ordene. Si ella vuelve a cockpit para darnos alguna queja acerca de su comportamiento, créame que el denunciado aquí va a ser usted, por mi parte y por parte de la sobrecargo. Y no por racista. Por alterar el orden y la seguridad de este vuelo. No se lo repito más.

Me giré al mismo tiempo que él caminaba de nuevo hacia cockpit y miré al pasajero con cara de «quetequedeclaritoquiénmandaaquí». No volvió a abrir la boca durante todo el vuelo. Por el procedimiento de desembarque de sillas de ruedas, fueron los últimos en desembarcar. Cuando salían por la puerta, el pasajero me entregó una hoja de sugerencias pidiendo perdón encarecidamente y rogando que ni el comandante ni yo, interpusiéramos la denuncia.

* ¿Comandante? ¿Qué comandante?
* Creo que se refiere al ytu cuando salió a ayudarte -dijo mi compañera –

En ese momento se abrió de nuevo la puerta de cockpit y salió el capi:

* Lucía, ¿me haces un café? Al final lo del pasajero no era para tanto ¿no?

Aquí puedes leer quién es el ytu y cómo es un comandante de vuelo. Seguro que así entenderás mejor este post

[wp_ad_camp_3]
img: STEWARDESS by Deklofenak

Share: