Seguro que muchos de vosotros, casi todos, ya estáis en poder de este conocimiento, pero para los que no lo tengáis muy claro, hoy os voy a enseñar la diferencia entre un avión y una tienda, supermercado, Corte Inglés o casa de beneficencia. Os cuento:
En un avión hay lo que hay. Y lo que no hay, pues no lo hay.
Como se dice comúnmente: «de donde no hay, no se puede sacar».

¿Y por qué os cuento todo esto?
Pues por el tema del «vasito de agua», entre otras cosas.

Veréis, para empezar el agua del grifo del avión no es potable y para continuar, la carga de botellas de agua a bordo no es ilimitada. De hecho, a veces es hasta escasa.

Disponemos de una o dos botellas grandes por cada miembro de la tripulación, lo que supone unos 3 litros por persona para todo el día. Es decir, 2 botellas para 12 horas en el avión, 4, 5 o 6 saltos subiendo maletas, agachándonos asiento por asiento para chequear los chalecos, corriendo pasillo arriba y abajo para dar el servicio, recoger, dar un café al capi, un «zumito de manzanita» a la niña que se acaba de despertar, asegurar la cabina y vuelta a empezar.
Contando con la atmósfera seca de la cabina y todo el trabajo sobre nuestros taconcitos, si no queremos quedarnos sin agua para nosotras en lo que queda de día, debemos racionarla.
Y vosotros diréis…» oiga, que 3 litros es agua de sobra para un día» … Sí, hasta que sin darnos cuenta, resulta que hemos repartido 17 vasitos de agua en el primer vuelo del día.

¿Significa esto que se os vaya a negar 1 vaso de agua para, por ejemplo una pastilla? No.
¿Significa  que tu tengas que morir de sed cada vez que subas a un avión por no matar de sed a la azafata? No.
¿Significa que, si vas a pedirme 18 vasitos de agua en un vuelo de 1 hora, sería mejor que compraras una botellita de las que tenemos a la venta a bordo, o en la terminal? Si. Correcto.

Ya lo sé. Son carísimas. Y además tú la traías de casa, pero en el filtro de seguridad te la han quitado. No puedes prever si vas a tener sed o no…lo sé, todo eso lo sé, pero ¿qué queréis que os diga? un vaso por persona, si nos lo piden, te lo damos, y dos, y tres y cinco….25, pues no.

Y diréis, bueno, tampoco creo que haya nadie que pida 25 vasos de agua… ¡pues los hay! y lo peor no es que pases con el carro del servicio y no quieran nada y cuando acabes te llaman por el método aspersor (tssss tssss) y te diga la joven madre de 4 preciosos retoños «mi niña, ¿nos regalas 7 vasitos de agua?» ni lo peor es tampoco el miedo, pánico y terror con el que llevas los vasos, deseando inútilmente que nadie los vea porque entonces sabes que empezaran a pedirte vasos de agua como si estuvieran en medio del mismísimo Sahara, (nunca entenderé esta manía del «culo veo, culo quiero» que tenemos los seres humanos).
No, lo peor sin duda alguna, lo que ya clama al cielo, es cuando le dices a la persona después de llevarle agua por décimoctava vez que si lo desea tiene botellita a la venta y que no le «regalas» mas vasitos de agua, y te pasa lo que me paso a mí en un TFS-BCN:

Un señor, de etnia gitana (apunto este dato sólo para que podáis imaginar con más facilidad el acento con el que hablaba. En ningún caso es peyorativo, ni despectivo hacia la raza gitana) que después de beberse él solo un litro y medio de agua a base de «vasitos» cuando le negué el numero 23 empezó a chillar, con tal potencia de voz que hubiera sorprendido al mismisimo falete:
¡HAY QUE VEEEE!, EHTO DE LA CLIKAIIII LO DEHAN A UNO MORIRZE DE ZEEEE, QUE NI AUN PERRO ZE LE NIEGALAGUA (así, todo junto) CON LO QUEPAGAO PA LUEGOTAR AZIIIIN…. QUEZQUE NO ME MEREHCO NI UN VAZODAGUA?!

Fue una de las pocas veces en mi vida que me quede sin palabras. ¡No podía entender cómo había alguien con tantísimo morro! Desde entonces tomé la preconcebida idea de que todos los que pedían un vasito de agua eran señores gitanos escandalosos. Aunque fueran chinos, me pedían un vaso de agua y yo pensaba «¡mira, Nita, un gitano! Corre a llevarle el agua no sea que se ponga a chillar».
Y me costó mucho asimilar que no todo el que pedía un vaso de agua se iba a poner como un energúmeno, pero sigo pensando que si tienes mucha sed, puedes comprarte una botellita de agua, aunque solo sea por no matar de sé a la «probe asafata» y si luego nos ves pasar con algo, no seas envidiosete.
Recuerdo que una vez pasé por el pasillo con la comida del comandante y una señora me dijo que ella también quería «de eso» sin saber si quiera lo que era.
Así que ya sabéis, comprad el agua, no pidáis todo lo que veis pasar, apagad los móviles y no dejéis de sonreír….¡ah no, que esas somos nosotras!

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