* Spanair – 1 bulto de 50 x 40 x 25 cm + un bulto adicional de los siguientes (bolso, paraguas, abrigo, ordenador portátil…)

* Air Europa – 1 bulto de 55 x 35 x 25 cm + un bulto adicional (bolso señora, cartera, lectura para el avión, abrigo, paraguas, ordenador, cesta-cuna bebés…)

* Vueling – 1 bulto de 55 x 40 x 20 cm + 1 bulto adicional pequeño (bolso, maletín pequeño, abrigo, cámara de fotos…)

* Iberia – 1 bulto de 55 x 40 x 20 cm + 1 bulto adicional (bolso, ordenador portatil, maletín, manta, bolsa de bebés, abrigo, paraguas…)

* Easyjet – 1 bulto de 56 x 45 x 25 (las medidas son considerablemente más amplias que las anteriores)

* Ryanair – 1 bulto de 55 x 40 x 20 cm. Y ya. No te pases ni un centímetro porque como no quepa en la jaula azul esa que tienen en la puerta de embarque, estás perdido. Y como te pongas un poco tonto, sacan la báscula, te la pesan y ay! de tí si en lugar de 10 kilos pesa 10 kilos y 10 gramos. ¡Zasca! 40€ que te soplan.

El miércoles pasado volé con Ryanair de Madrid a Dublín. Os comento el caso de la chica que iba detrás de mi:

– La cartera de mano tienes que meterla dentro de la maleta
– ¡Es una cartera!
– Ya pero tiene que ir todo metido dentro de la bolsa

La chica mete su cartera- monedero (de unos 5 centímetros) en el bolsillo de fuera de su mochila

– Mete la mochila aquí (señalándole la jaulita azul de las medidas) …no cabe, tienes que facturarla.
– No cabe porque al meter la cartera me abulta un poco el bolsillo de fuera
– Pues tienes que facturarla

La chica empujando la maleta con todas sus fuerzas, consiguió que cupiera en el hueco. Fue la última en embarcar, porque después le costó bastante sacarla de la jaula azul. Le sobraba espacio por la parte superior, porque la mochilita no llegaba a los 55 cm de alto. Sin embargo, de ancho mediría algo más de los 40cm permitidos.

El avión ni siquiera iba al 100% de su capacidad. El equipaje de mano se puede poner en los racks y debajo de los asientos excepto en salidas de emergencia. A un bulto por pasajero, estoy convencida de que sobra espacio para los monederos.

Y sí, estoy de acuerdo en que hay que ser estricto con las normas del equipaje de mano. Pero igual de estrictos hay que ser en cuanto a las normas de seguridad en el embarque.
En la vuelta del viaje, yo pasé con el billete de Daniel, y Daniel pasó con el mío. Por equivocación, pero así fue. Y nadie se preocupó en comprobar las identidades de cada uno.
Eso sí, la maleta que no se pase ni un centímetro.

Las puñeteras Scratch Cards y la venta de bocadillos

En el Mad- Dub me llamó la atención un señor que viajaba al otro lado del pasillo, en la misma fila en la que yo estaba sentada.
Por su cara, yo diría que era la primera vez que viajaba con Ryanair. Tenía un iPad al que a penas hizo caso. Se pasó todo el vuelo con cara de bobo mirando al showman que se hacía pasar por sobrecargo del vuelo.

«Señores pasajeros, en unos minutos les ofreceremos nuestro servicio de bar. No piensen ustedes que es un servicio cualquiera. En Ryanair, tenemos el mejor catering a bordo. Esperen ustedes a ver nuestros bocadillos con ese queso que mmmmmm, se derrite encima de la carne. Ese pan sabroso, crujiente que les acercará al cielo en cuanto lo prueben. ¿Y qué les parece una cervecita bien fría? Si, fría…sensualmente fría con esas gotitas de agua deslizándose por el vaso y deseando que la prueben. ¿No les apetece?»

Os juro que me sentí tan incómoda como si ese tipo estuviera diciéndome guarrerías al oído. Ese «mMmmmmm», ese «deslizándose» y ese tonito con el que vendía un puñetero y raquítico bocadillo de jamón y queso, me recordó a las películas ereoticofestivas cutres de Canal+.

«Y ahora que ya han comido y bebido, qué mejor que ayudar a las diferentes ONG´s con las que trabajamos! Si compran una scratch card, estarán ustedes ayudando a los niños con problemas oftalmológicos y sin recursos. Y además pueden ganar ustedes hasta 1 millón de Euros!! Sí, sí han oído bien, señores pasajeros…1 millón de Euros. Con tanto dinero, pueden ustedes comprar la casa de sus sueños, el coche de sus sueños, la mujer de sus sueños y hasta a su amante, que puede ser la vecina del quinto o la del tercero! Y si no les toca el premio del dinero, pueden llevarse ustedes uno de nuestros Fiat500 para pasear a esa amante!»

A-lu-ci-nan-te.
El pasajero del otro lado del pasillo tenía cara de bobo. Abría los ojos y la boca y se le subía una ceja rollo Carlos Sobera.

«Y no se lo piedan señores pasajeros. Porque con la llegada de Halloween, ¡tenemos una oferta especial! ¡Estamos que lo tiramos! Si compran una scratch card, le regalamos otra completamente gratis. Así, si están viajando con su pareja, podrán rascar uno cada una o rascarla mutuamente. Y si viajan en grupo, por 10 euritos les regalamos 6 rasca y gana! Una ganga, aprovechen la oportunidad»

…a por otro perritooo pilotooo oigaaan! Qué alegría qué alboroto, señora! que le tocan los peces de colores o el payaso de la suerte.

¿Pero sabéis que fue lo que más me sorprendió? Que el pasajero de la ceja se compró 6 rascas…

¿Os acordáis del post «Canis, Chonis y Killas que amenazan con ser azafatas»?

El momentazo fue durante el vuelo de vuelta, mientras nos hacían la demo de seguridad con los cinturones y los chalecos y esas chuminadas que no le interesan a nadie. La azafata de turno se dedicaba a mascar chicle como si no hubiese un mañana. Mascaba chicle mientras dejaba caer la mascarilla, mascaba chicle mientras hacía que chequeaba cinturones (yo lo tenía desabrochado y ni se fijó) y mascaba chicle mientras cerraba los racks antes del despegue. Y sí, también hizo un globito mientras meneaba el culo por el pasillo y correteaba de una lado a otro de la cabina con cara de «uffuffestoysuperocupada».
Es que no se masca chicle así ni cuando una está sola en su propia casa.

Y me adelanto a los defensores de rumiar chicle en público y a los defensores de Racanair que dirán que mientras haga su trabajo, dá igual si come chicle o come otro tipo de cosas: No, señores. No da igual. Esto no es el plató de Sálvame en el que Belén Esteban es la reina del cotarro. Esto es un trabajo de cara al público en el que se requiere un mínimo de educación.
Me parece estupendo que digáis que los cursos para tripulantes de Ryanair han cambiado mucho en estos últimos cinco años y que ya no permiten hacer los exámenes con el libro abierto como antes…pero igual hay que mejorar también los cursos de protocolo y atención al pasajero.
Menos chicle y cervecita sensual y más empatía y educación.
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