Sé que las nuevas generaciones, esas que habéis crecido sin asiento asignado en el avión, desmarcando las casillas de “quiero un seguro de viaje, un plus para mis skis y que me busques un coche de alquiler”, muriéndoos de calor en pleno verano por llevar puestos 4 jerseys y 2 abrigos porque no os caben en la estúpida maleta de mano, y pagando 3€ por un café en un vaso de cartón, no vais a creerme, pero hubo una época en la que la comida era gratis. En la que no se vendían calendarios con TCPs en bikini. En la que podías llevar tu maleta de mano, un bolso y el abrigo. Sí, todo al mismo tiempo.
En la que comprobaban tu billete en la puerta de embarque de Madrid, para que no acabaras en Tenerife. Tenías almohada y manta. Y prensa. Sí, era una época en la que volar era un placer…
Eran las 6 de la mañana del día 1 de enero de 2006, cuando me abroché la chaqueta azul azafata con botones dorados y empecé a tirar de la maleta haciendo un ruido espantoso por toda la calle. En el camino de casa al garaje, me topé con doscientas personas borrachas que disfrutaban de una noche de fiesta, y que cuando me vieron vestida de uniforme no dudaron en pedirme una foto conmemorativa del momento. Imagino que ese es el resultado de mezclar alcohol y la euforia del nuevo año.
A veces me quedo patidifusa leyendo la cantidad de imbecilidades que se escriben en algunos foros. Que vosotros diréis que la culpa es mía por entrar en esos foros, y no os quito la razón.
Pero la verdad es que si entras de vez en cuando, te das cuenta de una realidad de la que no podemos escapar: Somos idiotas.
Ya lo he dicho en otros posts. Ya he hablado de cómo creo que han ido cambiando las cosas en los últimos años. Hemos discutido en qué hemos mejorado y en qué hemos retrocedido… Y sí, en este foro te das cuenta de que hemos retrocedido mucho, o por lo menos no hemos avanzado en ciertos aspectos…