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Copa Airlines: hablamos con Ulises, sobrecargo en Copa Airlines e instructor de TCPs

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Ulises Arévalo trabaja actualmente como jefe de cabina en Copa Airlines Colombia (Aero República) e instructor en una escuela pero, ¿cómo llego a cumplir su sueño? Él mismo nos lo cuenta…

El inicio se remonta a 1994 (al escribir esta fecha ya me siento viejo). Por mis buenas notas fui premiado con un viaje a Santa Marta (Colombia). En mi cabeza no pasaba ni la más remota idea de que en ese viaje me iba a enamorar de la aviación. Desde muy pequeño ya había viajado en avión, mi padre fue marinero y mis tíos vivían en Santa Marta, pero únicamente recuerdo éste como mi primer viaje.

Llegamos al aeropuerto con nuestros pasajes. Volaríamos en SAM ya que el agente de viajes le recomendó mucho esta aerolínea a mi mamá: “no se preocupe, ellos ahora tienen aviones nuevos”.
Para mi fue algo novedoso… Aún recuerdo el forro de las sillas (azul rey con rombitos verdes) y aquello que me dijo mi mamá: “presta atención a las azafatas, van a mostrar algo importante”. Era la demostración del equipo de seguridad del avión. Para mi, en mi pequeña inocencia, me parecía más una coreografía que algo serio, ya que las dos señoritas que estaban en el pasillo se movían igual al tiempo que una voz decía que tenían que hacer. Sentir la potencia de un avión es como ir en una montaña rusa: para unos pura adrenalina, para otros un suplicio, una rutina o algo sin importancia.
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Me sentía flotando en copos de algodón, miraba por la ventanilla y las nubes se veían esponjosas y el cielo más azul que nunca. En esa época nadie peleaba por prender los IPAD o escuchar música, la gente se deleitaba con el paisaje que se apreciaba por las minúsculas ventanillas.

Durante el vuelo subí mi cabeza y vi la PSU (panel de control, donde esta el timbre de llamado, las tomas de aire, luces de lectura, las señales de cinturones y prohibido fumar, que hoy en día ya está desapareciendo siendo reemplazada por uso de aparatos electrónicos). Me causó curiosidad ver un botón con un muñequito, le pregunte a mi mamá que si podía usarlo y para qué servía. Era el timbre para llamar a las “azafatas” y si lo usaba más de una vez caerían las mascaras de oxigeno… ¡Aún me rio de la inocencia que uno tiene de niño!

Sentía que llevaba horas en ese avión y apenas eran minutos. Las azafatas empezaron a repartir la comida (sí, la comida… ¡En esos tiempos había comida caliente en un vuelo de 1 hora!) acompañadas de un señor. Pregunté nuevamente a mi mamá quién era él, a lo que me respondió: “es el piloto que salió a ayudar a las azafatas”.

Mi madre fue psicopedagoga y siempre tenia una respuesta a todas las preguntas que yo hacía. Algunas las inventaba para ver cómo reaccionaba… Cuando me dijo que el piloto estaba ayudando a la azafata con el servicio hice una pausa y luego pregunté quién estaba pilotando el avión si él estaba aquí. Fue con esta pregunta cuando me explicó que había tanto hombres como mujeres en esta profesión.

Después de ese viaje no hubo nadie que me sacara de la cabeza la aviación, guarde cada cosa del viaje, los pasajes y hasta una bolsa para el mareo que tenía el logo de SAM. Preguntaba a mis papás sobre los viajes que hacían, cómo era el avión… Además, los domingos mi mamá me llevaba al aeropuerto a ver aviones, ¡era lo que más disfrutaba! Un domingo le dije a mi mamá que a parte de tomar fotos a los aviones, que si me podía tomar fotos con las azafatas y pilotos, que eran para mi mis héroes. Aún conservo varias fotos de esas. En las tardes cogía el directorio y llamaba a las aerolíneas a pedirles información para supuestos trabajos del colegio, pero en verdad era para mi. Gracias a estos pude conocer varias oficinas de las aerolíneas en el centro internacional, hangares de empresas como Aerotaca, Aero República, Avianca, SAM, ACES, Intercontinental…

Una de esas tardes logré comunicarme con la escuela de operaciones de Avianca, les comente que tenia un trabajo para el colegio sobre las azafatas y me dijeron que con gusto me atenderían al día siguiente. Mi papá me acompaño, llegamos al centro administrativo de Avianca, entré a la escuela de operaciones y me atendió Bernardo Suarez, un ex “azafato” de Avianca que por esa época ya era instructor. Me explicó muchas cosas y una de ellas y que aún no he olvidado es que el termino “azafatas” o “azafatos” se usaba para denominar a la empleada de la reina que le llevaba las joyas en una bandeja. A partir de ese día conocí el nuevo termino “auxiliar de vuelo”. Después de nuestra charla me regalo un manual viejito de Avianca. Era del 727/200 y en él hablaban del avión y de las funciones de los auxiliares de vuelo. Con el tiempo conocí también a Luis Jorge Peñuela, otro auxiliar de vuelo de Avianca que también era instructor y me ayudó con una exposición para el colegio sobre contaminación auditiva.
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Estaba muy agradecido con la vida ya que había podido empaparme más con el mundo aeronáutico. Ya tenia más conocimientos y más cosas para mi colección, había conocido gente muy valiosa y no iba a perder el impulso, ¡cada día me apasionaba más ser auxiliar de vuelo! Una de mis tantas llamadas me condujo a la jefatura de auxiliares de vuelo de SAM, allí tuve el grato honor de conocer a una persona que aún hoy en día ha sido una excelente amiga y mentora, María Lucero Osorio, en esa época ella era la jefa. Recuerdo que llegué y me presenté, le dije que me gustaba mucho la aviación y que tenía que hacer un trabajo sobre ser auxiliar de vuelo, ella me ayudó y me dio dos regalos que aún conservo, el primero fue un cassette de anuncios en el cual estaban todos los anuncios de Avianca/SAM dados por ella ya que ella también es instructora y un prendedor (pin) que usaban los auxiliares de vuelo de SAM que era el pájaro el logo de la compañía.

Pasó el tiempo y empecé mis estudios en la universidad, estudié Administración de Aerolíneas en el Politécnico Gran Colombiano. Fui uno de los mejores alumnos en los primeros semestres, me ofrecí en segundo para realizar las pasantías, ya que éstas solo se podían hacer en 4 semestre, la decanatura me ayudó y empecé a trabajar en reservas de Avensa/Servivensa, luego pasé a reservas de Aerocontinente, el mismo representante para Colombia atendía a las dos aerolíneas. Por mi buen trabajo fui enviado al aeropuerto a apoyar la operación de las aerolíneas, haciendo funciones de pasante. Para mi fue una experiencia muy grata, ya estaba cada vez más cerca de los aviones.

Trabajé en tierra 6 años ya que las posibilidades para volar estaban muy lejanas, en esa época las únicas aerolíneas que recibían hombres eran Avianca, SAM y ACES, por esa época se creó la Alianza Summa la cual hizo que desapareciera ACES, Avianca no estaba en su mejor momento y SAM era un hermanito que dependía de ellos. Trabajé en Copa Airlines, Avior, Aerotaca, Conviasa, Aerolíneas Argentinas, Aeropostal, Air Comet y American Airlines.
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Una tarde me llamaron de Aero República, por esa época ya había sido comprada por Copa Airlines y empezaron a recibir hombres para auxiliar de vuelo. Me animé mucho, renuncié a mi trabajo en American Airlines y empecé el proceso.

La gente que no conoce solo se limita a decir, “ellos están en los aviones solo para servir tintos”, “solo son gente con cara bonita y sonrisas pero no tienen cerebro”, “les toca tan fácil… Solo viajan, les regalan los tiquetes y conocen el mundo gratis”. Quiero decirles que no es así. En los procesos de selección, las empresas solo buscan lo mejor, personas educadas, con conocimientos, liderazgo, CRM , trabajo en equipo y carácter, buena disposición y con calidad humana, personas que aman lo que hacen.

El proceso cuando ingresé duró 3 meses, en los cuales vimos primeros auxilios, equipo y procedimientos de emergencia, extinción de incendios, anuncios y demostraciones, pista de emociones, evacuación en espacios confinados, interferencia ilícita y por ultimo servicio a bordo.

Ya han pasado 8 Años desde que ingrese en Aero República, hoy en día soy jefe de cabina e instructor en una escuela, y cada vez que termino una asignación de vuelo, quedo con la satisfacción de haber dado lo mejor de mi y de mi tripulación en el vuelo, hacer seguro y agradable la experiencia de aquella persona que es su primera vez en un avión o en viajar a San Andrés, o de los que viajan con la expectativa de encontrarse con sus seres queridos que hace tiempo no los ven, o del ejecutivo que llega a tiempo a su reunión. Ese es el mejor regalo que uno puede tener, desayunar en Punta Cana, almorzar en Panamá y cenar en Cancún, Madrid, Londres, New York, o para no ir tan lejos, disfrutar del paisaje de Leticia, el atardecer en Capurgana, el mar de San Andrés, ¡es en verdad un privilegio el poder VOLAR!

El día que ustedes estén volando ya sea como TCPs o como pasajeros se darán cuenta que las personas que estamos en esto, es por que nos apasiona y lo reflejamos en el día a día.
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Img: Ulises Arévalo para DiarioAzafata.

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