A bordoAnecdotas

637 esperanzas | Basada en una historia real

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Esa mañana de mayo de 1980 Almudena estaba lista desde temprano, emocionada por ir por fin al aeropuerto. La aventura estaba a punto de comenzar. Durante el último mes los preparativos para ese día habían ocupado todas las ilusiones que puede tener una chica a sus 16 años.

En el vuelo 637 de Fly Airways despegaba, de la ciudad de Buenos Aires con destino a México DF, Selma y Sergio. La luna de miel que nunca pudieron tener llegó unos diecisiete años después de la boda con el mismo amor e intensidad de recién casados. Visitaron la ciudad natal de Selma y por fin Sergio pudo conocer al resto de la familia de su mujer.

Almudena se sentía especialmente emocionada por la llegada de sus padres y por ser la primera vez que sola tomaba un autobús para ir al aeropuerto.
Esa pequeña aventura la hacía sentirse adulta pero sonrió como una niña cuando por la ventanilla del autobús vio que el aeropuerto aparecía inmenso ante ella, con sus gigantes aviones diminutos en la distancia basta de su extensión. Había llegado el momento. Tenia todo controlado: hora de salida del vuelo, hora de llegada, terminal… Llevaba flores para su madre y un beso de chocolate para su padre y esas pulseras nuevas que había hecho ese mes de abril mientras sus padres estaban en Argentina.

Se maravilló con las pantallas de letras amarillas que giraban y daban información de la llegada de vuelos. Se sentía pequeña entre tanta gente y movimiento pero entusiasmada por seguir las pistas entre carteles, pantallas y flechas que la llevarían finalmente a ver a sus padres aparecer.

Faltaban 47 minutos para la llegada del vuelo. Vio, delante de la barrera en la que se apoyaba, como expectante en un concierto, como pasaban cientos de personas de todas partes del mundo con maletas enormes, sombreros extraños, pieles de todos los colores y sonrisas de todos los rincones del mundo. Ella era parte del escenario. ¿Reconocería enseguida a sus padres tras todo un mes sin verlos?. Nunca pasaron tanto tiempo separados. –“¡Que tonta soy!”- se dijo.
A la derecha de Almudena había una de esas pantallas con información de vuelos. No le quitaba ojo mientras veía salir y salir a cientos de pasajeros y durante unos minutos se dedicó a emparejar la procedencia de los pasajeros y sus ropas y estilos con la información de la llegada de vuelos. “Es increíble ver gente de tan lejos en el mismo sitio”- pensó.

El vuelo 637 de Fly Airways desapareció de pronto de la pantalla de llegadas.

Aún faltaba casi una hora. Almudena estaba haciendo el seguimiento de todos los vuelos y sabia que aún no era el momento de borrarse de las pantallas. No le dio importancia. Siguió con sus flores y su beso de chocolate enganchada en la barra que la separaba del constante llegar de pasajeros.

Media hora más tarde se percató que el normal flujo de pasajeros saliendo de esas puertas y el movimiento de personas tras ella era de pronto distinto. La gente empezó a dejar sus posiciones para correr de un lado a otro y las sonrisas de los pasajeros recién llegados se transformaron en ese tipo de caras cuando algo no marcha como debe. Ya no había besos eternos y flores y encuentros, sino lágrimas y gente corriendo el todas direcciones y personal del aeropuerto con chalecos fluorescentes redirigiendo a todos y gente que giraba de un lado a otro perdidos. Ella se aferró a la barandilla. No estaba dispuesta a perderse la llegada de sus padres. Ese momento lo estaba esperando desde hacia tanto…

Cada minuto que pasaba salían menos pasajeros y menos gente la acompañaba en la espera frente a las puertas y más inquietud alrededor. Una señora gruesa con chaleco amarillo del personal del aeropuerto la cogió de los hombros firmemente y le preguntó: “niña, ¿a quién esperas?”. Almudena dijo sobresaltada: “a mis padres”. La señora le preguntó si venían en el vuelo 637 de Fly Airways con los ojos enormes clavados en ella. Almudena respondió tímida.
De pronto la señora tiró de ella y un segundo señor, más joven y con el mismo uniforme, se acercó y la cogió de la mano y se la llevaron de allí a toda prisa. Almudena reaccionó para coger las flores que le quitaron de las manos y las vio caer al suelo… La llevaron por todo un pasillo infinito y a cada paso, más y más gente se agolpaba en los mostradores dando voces y llorando, reclamando… No entendía nada. Estaba asustada y molesta. ¡Se perdería la llegada de sus padres!.

La llegada de sus padres nunca tuvo lugar… El vuelo 637 de Fly Airways de Buenos Aires con destino a México DF desapareció del radar en la aproximación al aeropuerto. Encontraron los restos de la aeronave en la cordillera que rodea la ciudad. No hubo ningún superviviente.

Siete años más tarde, Almudena era una chica de 23 años decidida, serena, toda una mujer. Vestía un elegante uniforme azul marino con un pañuelo verde brillante de cuadros atado a su delgado cuello. Se retocaba el cabello de forma elegante y discreta mientras se miraba en los espejos de la terminal del aeropuerto. Acababa de aterrizar en México DF desde Madrid. Era la sobrecargo más joven de Fly Airways. Se despidió de su tripulación y como cada mes de mayo, dejaría flores y un beso de chocolate en su visita al cementerio.

Almudena se hizo Auxiliar de Vuelo cuando cumplió 20 años. Desde entonces, en cada despegue, y cuando cruzaba las nubes, ella agachaba la cabeza en señal de respeto a las víctimas de aquel vuelo 637 y levantaba la mirada y sonreía a su vez con el orgullo de una hija acercándose sus padres, y ajustándose el uniforme, sabía que ella daría la vida por cuidar de sus pasajeros sin ningún miedo.

Hoy, a sus 41 años y con miles de anécdotas y vuelos a sus espaldas, tan elegante y positiva como siempre, mientras comprobábamos el material de emergencias del avión como cada día, Almudena me dijo emocionada que su hijo, David, había sido seleccionado para una de las mejores aerolíneas del mundo como Tripulante de Cabina de Pasajeros. Por sus mejillas coloreadas corrió una lágrima de emoción y me confesó durante el vuelo, con su acento argentino tan característico, que su hijo fue seleccionado con el número de candidato 637.

Dedicado a todos los compañeros y compañeras del aire que alguna vez perdieron a un ser querido entre las nubes y continúan cada dia, acercándose a ellos cuidando también de los demás.

Img: Bill Frazzetto

 

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